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Luego que estos días salieran algunos estudios sobre la felicidad de los chilenos, más que analizar los resultados, basta observar cuando vamos en el metro, en las micros, cuando la gente maneja, cuando llega a sus trabajos y peor aún cuando sale de éstos… donde es evidente que la gran mayoría ¡no va de sonriente por la vida! Se percibe una cierta frustración, intolerancia, rabia y descontento. Claramente la vida en una capital es muy estresante, en gran parte, por: la densidad poblacional, el sistema de transporte, los horarios de trabajo, la competencia laboral, el smog, las grandes distancias y tiempos de traslados, las largas jornadas… hay una disconformidad, que demuestra que no logramos esa satisfacción y goce de la vida, que sí se siente y se vive cuando uno viaja, por ejemplo, a países centro americanos, donde sobran las sonrisas, la música, el baile, se percibe alegría, amabilidad…siendo muchísimos más precarios en lo material.

Quizás acá no se logra un equilibrio adecuado entre  las responsabilidades y el tiempo de ocio, no se permite disfrutar desenvueltamente la vida. Liberarse un poco de tanta presión. Y eso se debe en gran parte, porque somos muy culposos. En su gran mayoría, se vive muy ordenadamente de lunes a viernes, con una cierta rutina establecida y se deja para el ocio y salir de esa monotonía: el sábado y domingo. Lo que es muy insuficiente.

Está comprobado que quienes más ríen son más felices, pero acá al que ríe mucho, en la semana, en ambientes de trabajo…, se le tilda de “tonto” “que pierde el tiempo”. Pero esa persona seguro que es mucho más evolucionada y que viene de vuelta, que se permite disfrutar, cuando quiere y como quiere, al margen de trabajar y cumplir, donde seguro que lo hace mejor que el resto, porque lo hará contento. Como decía la gran Celia: vivir la vida como un carnaval. Y de esas personas tenemos que aprender. No de los más serios y apáticos.

Si la semana tiene siete días, todos y cada uno de éstos debe vivirse desde el agradecimiento, y no como un castigo. Es verdad que muchas veces se hace agotador y difícil, porque no se vive de humo y hay que pagar cuentas y otros…, pero tenemos que darle un sentido más profundo e importante a la vida, más allá de lo material, para que cada día tenga valor y eso, precisamente, no lo entrega la plata, ni lo que logre con ésta, sino que sólo si soy capaz de conectarme con las cosas esenciales y a través de eso logro sentirme feliz.

En un documental le preguntaban a una persona que tenía una vida extremadamente sencilla si era feliz y la respuesta era sí, porque él valoraba hasta el más mínimo detalle, en una sociedad donde lo material no es lo más importante, sino que teniendo las necesidades básicas y el amor de su familia era suficiente, es decir, no necesitaba de nada más. En cambio, nosotros siempre queremos tener el mejor puesto, el mejor sueldo, la mejor casa, la mejor ropa, joyas, autos, ganarle al de al lado, y creemos que con cosas obtenemos felicidad y es todo lo contrario, por eso las personas se sienten tan vacías, perdidas, insatisfechas, porque falta apreciar la vida desde la sencillez.

Una joven de nacionalidad dominicana me decía con toda naturalidad “los chilenos no son felices, ustedes son esclavos del trabajo, no disfrutan la vida. Nosotros trabajamos harto, pero cuando salimos de éstos, todos los días nos damos el tiempo para bailar, salir con amigos, escuchar música… y nos llenamos de energía. Somos felices todos los días. Acá no saben disfrutar la vida. Yo estoy juntando la plata que necesito, para volver a mi país, porque quiero ser feliz”. Lo que demuestra que la felicidad está al alcance de todos, en detalles muy simples, pero tan lejanos en nuestras sociedades, donde buscamos, equivocadamente, la felicidad en lo que nos provoca más infelicidad, que alegría. Porque el querer siempre algo más…te frustra, es un camino interminable, en cambio: compartir con un amigo, con tu hijo, marido, con tu perro, sonreírle al vecino, cantar en el auto, mirar un lindo paisaje…es un camino más corto y simple.

Lo que sí es alentador es que las nuevas generaciones vienen con menos culpas y carga, están más livianas y libres. Entonces, una vez que se haga un recambio generacional, los jóvenes serán capaces de convertir a esta sociedad en una más alegre; positiva; menos competitiva; inclusiva; diversa; sencilla; que sabrá disfrutar y valorar del ocio, de lo esencial, que se relacionará de forma más amable, y buscará en el trabajo, más que logros materiales: que los mueva la pasión; hacer un bien hacia los demás y el medio ambiente; el logro de sus propósitos y sus sueños, encontrando así el sentido a sus vidas y, por lo tanto, la Felicidad.