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Hace mucho tiempo que no iba al ‪#‎barrioconchaytoro. Quedé impactada al evidenciar como los rayados, que quede claro que no son graffiti ni obras de arte, sino simplemente garabatos, literalmente, lo han destruido. Algunas personas dicen que es una radiografía de lo que está pasando con nuestra sociedad de hoy. Quizás en parte tienen razón, pero por sobre todo considero es la confirmación del nulo respeto que tienen los chilenos por nuestra breve historia y bastante precaria cultura urbana.

Los pocos edificios históricos que existieron en Santiago, y que de alguna forma representan nuestros orígenes, los han demolido por malls al más puro estilo gringolandia,  o por edificios para oficinas, o quizás para un hotel más, en una ciudad que no tengo claro si recibe tantos turistas. Y lamentablemente, los que logran resistir la aplanadora de la modernidad, no son preservados como corresponde, o los organismos correspondientes no invierten lo que deberían en conservarlos, y los que se mantienen en buen estado, terceros no los cuidan.

Siempre me ha gustado visitar el bario Concha y Toro. Ir a comer al clásico Zully, o simplemente pasear por sus calles cortas y curvas empedradas alrededor de la plaza Libertad de Prensa con una linda fuente de agua, semejando un pequeño barrio de París o  de cualquier ciudad europea. Pero lamentablemente ni siquiera ese rinconcito se salvó, sucumbiendo a esta expresión del “malestar social”, no dejando un muro sin rayar.

Decidí entonces googlear para verificar lo que los vecinos pensaban respecto a este tema, muchos de los cuales viven hace más de 45 años en este sector. Y efectivamente exigen a la municipalidad de Santiago más cámaras debido al aumento de la delincuencia y la limpieza de las fachadas. Mas aún, a principios de marzo, el estadounidense Joseph Westrate, dueño del restaurante Zully -situado en una casona que fue la residencia del poeta Vicente Huidobro y que está frente a la plaza recién mencionada-, no sólo abandonó el barrio, sino que también el país.

Al parecer, todos los días, a eso de las 18:00 horas, según cuentan quienes viven y trabajan en el barrio, comienzan a llegar hordas de jóvenes, que beben en esta plaza. Al rato, sacan sus latas de spray y comienzan a rayar las paredes. Pero, ¿se generará un cambio si el municipio crea un plan de recuperación de fachadas, con el apoyo de privados? Para mí, es pérdida de tiempo y plata. Se necesita un cambio de mentalidad radical y urgente. Es fundamental que nuestros jóvenes entiendan que rayando las fachadas no lograrán el cambio que buscan, y peor aún, sólo nos deja como un país carente de respeto y cariño por su historia.