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A pesar de los lapidarios resultados, las encuestas parecen tranquilizar al poder político y económico. Como si la repetición de las mismas preguntas y respuestas cada cierto tiempo sirviera para confirmar que el sistema sigue vigente, que la cancha es la misma de siempre.

Los resultados repetidos por décadas continúan empeorando.  Crece la desconfianza en las instituciones, la crítica a los servicios y empresas, las preocupaciones frente a la delincuencia, la educación, la salud y algún otro tema coyuntural. Un estudioso que leyera los números de la última encuesta CEP sin conocer el flujo previo, pensaría que el sistema político y económico está colapsado. No parece viable la sobrevivencia de un sistema con índices tan bajos de confianza en las autoridades, líderes e instituciones.

La brecha entre política tradicional y ciudadanía es tan grande que un 58% de los ciudadanos declara no identificarse ni con la derecha, ni con el centro, ni con la izquierda, ni como independiente. Las personas parecen haber roto no solo con el sistema político institucional sino que también con sus categorías de clasificación y análisis. Son dos mundos divorciados afectiva y prácticamente.

Pero el poder no escucha. Casi el 100% de los cargos del congreso, del gobierno y de todas las instituciones duopólicas (como el CNTV o el directorio de TVN) están ocupados por miembros de dos coaliciones que sumadas cuentan con la simpatía de apenas un 24% de los ciudadanos.

Esa aparente incoherencia

Desde una lógica política tradicional se podría inferir que los chilenos son apolíticos, que no tienen opinión y/o que no les interesa su entorno. Pero al momento de evaluar diferentes aspectos del funcionamiento del “espacio masivo” (independiente si es administrado por el gobierno o los privados) como el transporte, la salud, la seguridad, la justicia, las farmacias, las pensiones, la educación, las instituciones financieras o los servicios básicos, las respuestas ciudadanas marcan una clara y consolidada tendencia crítica.

Para algunos es sorprendente que a pesar de la crítica al funcionamiento del sistema más de dos sólidos tercios se muestren satisfechos con sus relaciones familiares, con sus amistades, con su trabajo, con los hobbies y entretenciones, con su condición de salud y el lugar donde viven. Parece contradictorio que las personas critiquen ácidamente las instituciones y el funcionamiento del “espacio masivo” pero se declaren muy satisfechas con la vida en su “círculo comunitario”, o sea con aquella experiencia vital más cotidiana y cercana.

Observado desde la racionalidad del paradigma político tradicional esta contradicción develaría  “una incoherencia flagrante ¿cómo es posible que si encuentran todo mal estén satisfechos?”  Para la ideología dominante es una posición tan absurda que casi no amerita ser tomada en cuenta. Sin buscar alguna explicación o tratar de comprender qué está sucediendo con la ciudadanía, políticos y empresarios siguen haciendo más de lo mismo.

Otras miradas y observaciones

Haciendo un esfuerzo por indagar y comprender, esa misma “incoherencia”podría tener otra lectura. Sobre todo si a los datos sumamos la observación de numerosas prácticas germinales personales y comunitarias cada vez más presentes en la sociedad que podrían estar prefigurando nuevas tendencias que no se reflejan sino marginalmente en el discurso público dominante político, económico y mediático.

El encuentro “Mente, Cuerpo, Alma” en la Estación Mapocho reunión dieciséis mil personas que llegaron para compartir una variada gama de discursos y prácticas alternativas orientadas por las ganas de vivir y ser mejor. En muchas ciudades están emergiendo iniciativas culturales que abarcan desde la ópera a los festivales de cine y teatro, desde las conferencias sobre el presente y futuro de la humanidad a los encuentros de danza. Están surgiendo nuevos espacios para el desarrollo de la cultura y las artes como la Nave, el Teatro del Lago o el Puerto de Ideas.

Decenas de miles de personas desarrollan actividad física y al aire libre, corredores, senderistas, yoguis, que también se preocupan por una alimentación más saludable y un planeta más sustentable, una gastronomía más sofisticada y un intercambio comercial más justo. Los ciclistas han logrado señalar que es posible otra forma de transporte, los huerteros se multiplican para vincularse a la tierra y mostrar otra forma de producir mejor alimento; grupos de tejedores y personas confeccionan sus ropas fuera del retail; los movimientos animalistas, pro cultivo, de promoción de la diversidad y derechos de las minorías han logrado instalar nuevas miradas que amplían la convivencia.

Más allá de las marchas y los eventos, la cotidianidad de los movimientos de profesores, estudiantes y trabajadores, de grupos por el cuidado del barrio, de pobladores por la vivienda digna, de defensa del medio ambiente, han transformado efectivamente su entorno. Cada día aparecen nuevos grupos de música de los más diversos géneros, de teatro, de arte formal y callejero. Se han multiplicado los centros de investigación, la escritura en comunidades y blogs colectivos de diversas especialidades y facturas, incluso han aparecido fuerzas políticas nuevas…

Todas esas dinámicas, con sus distintos grados de rebeldía, chocan por diferentes razones con el sistema dominante y sus resultados concretos, contaminación, depredación, mala alimentación, mala salud, mala calidad de vida, abuso y mal trato, etc. Imagino que muchas personas que forman parte de esos movimientos habrían respondido la encuesta manifestando sudescontento con la deriva de la sociedad de masas y la satisfacción con la acción personal y comunitaria.

Desde abajo de la pirámide esa aparente incoherencia puede reflejar el sentimiento de un creciente número de personas que desarrollan múltiples iniciativas para mejorar sus vidas y su mundo ahora y que al  lograr avanzar se sienten satisfechas; pero que saben que sus esfuerzos no solo no son apoyados, sino que habitualmente son obstaculizados por una casta política y económica transversal más preocupada de conservar sus propios privilegios que de construir el espacio común amable y fecundo al que todos aspiramos y que todos nos merecemos.

 Publicado originalmente en sitiocero.net